El poder curativo que allí tiene la  música es una realidad concreta.

La música conecta a las personas con su historia de vida, con quienes son, quienes han sido, toca el alma.Por lo tanto se reconstruyen los vínculos, se mitiga el dolor generando así estímulos vitales.

Algunas canciones forman parte de nuestro ADN cultural, como si estuvieran escritas en la piel. La memoria y la música manejan un camino misterioso.

La vitalidad y la pasión que guardan nuestros queridos “abuelos” es un tesoro en donde se aloja una fuente inagotable de cultura, sabiduría y cariño.

Hogares que participamos:

Centro Hirsch, Manantial, Aramburu, San Eloy, Las Glicinas, La Casa del Nono, El Lar de los Mayores, El Hostal de los Mayores, San Lorenzo, Casa del Sol, Los Nogales entre otros.

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